10 secretos de Barcelona que muchos barceloneses no conocen
Una estación de metro cerrada desde 1972, una calavera escondida bajo un puente y una plaza que aún guarda las marcas de la guerra. Diez rincones de Barcelona que se cruzan a diario sin mirarlos dos veces.
2 de abril de 2025 · 5 min de lectura

Barcelona da para mucho más que la Sagrada Familia y el Barrio Gótico. Hay sitios e historias que ni siquiera conoce mucha gente que ha vivido aquí toda la vida. Si te gusta mirar con calma y preguntarte por qué las cosas son como son, esta lista es para ti.
1. La calavera del Pont del Bisbe
El puente neogótico que cruza la calle del Bisbe parece medieval, pero se construyó en 1928, obra del arquitecto Joan Rubió i Bellver, en plena preparación de la Exposición de 1929. Si te colocas debajo y miras hacia arriba, verás una calavera atravesada por una daga. Nadie sabe con certeza por qué está ahí. La leyenda dice que trae mala suerte mirarla y que, si pasas por debajo caminando hacia atrás sin dejar de verla, se te concede un deseo. Elige tú.
2. El cementerio del Poblenou
El cementerio del Poblenou es uno de los más antiguos de la ciudad. Lo reconstruyó el arquitecto Antonio Ginesi tras la destrucción del primero durante la ocupación napoleónica, y se volvió a bendecir en 1819. Su trazado es neoclásico, ordenado y sobrio, con algún guiño egipcio, aunque con el tiempo se llenó de panteones de estilos muy distintos. La pieza más conocida es El petó de la mort (El beso de la muerte), de 1930: un esqueleto alado que besa a un joven sin vida. Impresiona más de lo que esperas.
3. La estación fantasma de Correos
Bajo la Via Laietana hay una estación de metro que dejó de usarse hace más de medio siglo: Correos, en la actual línea 4. Abrió en 1934 y cerró el 20 de marzo de 1972, cuando se reorganizó la línea para llevarla hasta la Barceloneta. Se ha conservado casi como una cápsula del tiempo, con carteles y anuncios de la época. No tiene acceso desde la calle, así que solo se abre en visitas puntuales, como las que se organizaron en el centenario del metro en 2025.
4. El Laberint d'Horta
En Horta-Guinardó está el jardín más antiguo que se conserva en Barcelona. Las obras empezaron en 1791, por encargo del marqués Joan Antoni Desvalls, con diseño del italiano Domenico Bagutti. En la terraza inferior hay un laberinto de cipreses con una estatua de Eros en el centro. Perderse un rato es parte de la gracia. Más tarde se amplió con una parte romántica, con cascada y glorietas.
5. Los búnkers del Carmel
Lo que todo el mundo llama "los búnkers", en lo alto del Turó de la Rovira, en realidad son los restos de una batería antiaérea republicana de la Guerra Civil, operativa desde 1938, que defendía la ciudad de los bombardeos. Hoy es uno de los miradores más espectaculares de Barcelona y forma parte del Museu d'Història de Barcelona (MUHBA). Desde 2023 el recinto cierra por la noche, así que en verano no siempre se puede ver la puesta de sol desde arriba: consulta el horario antes de subir.
6. Las cicatrices de la plaza de Sant Felip Neri
Esta placita del Gótico es de las más tranquilas del casco antiguo, y por eso sorprende lo que cuenta su fachada. Los agujeros de la iglesia son impactos de metralla del bombardeo del 30 de enero de 1938. Murieron 42 personas, la mayoría niños que se refugiaban en el sótano. Durante años se dijo que eran marcas de fusilamientos, pero no es así. Una placa lo recuerda desde 2007. Vale la pena sentarse un momento en silencio.
7. La cascada donde trabajó un joven Gaudí
La Cascada Monumental del Parc de la Ciutadella es obra del maestro de obras Josep Fontserè, pero entre sus ayudantes había un estudiante de arquitectura llamado Antoni Gaudí. Los historiadores coinciden en que colaboró en el proyecto, sobre todo en la parte hidráulica, aunque no en que fuera el autor del diseño. Es de los primeros trabajos en los que aparece su nombre.
8. El buzón de la Casa de l'Ardiaca
En la Casa de l'Ardiaca, junto a la catedral, hay un buzón modernista que diseñó Lluís Domènech i Montaner en 1902, cuando el edificio era sede del Colegio de Abogados. Tiene golondrinas y una tortuga. Se suele decir que las golondrinas representan la rapidez con la que debería actuar la justicia y la tortuga, la lentitud con la que lo hace. Es una lectura popular, pero cuesta no darle la razón.
9. La calle dels Petons
En el barrio de Sant Pere, cerca del Arc de Triomf, está el carrer dels Petons, la "calle de los besos". Es estrecha y oscura, y el nombre ha dado pie a varias historias: que era el escondite de los enamorados o que los condenados se despedían ahí de los suyos camino de la ejecución. La explicación más prosaica es que viene de un vecino apellidado Pontons y que el nombre se fue deformando. Ninguna versión está documentada del todo, así que puedes quedarte con la que más te guste.
10. Los primeros pasos de Picasso en Barcelona
Picasso llegó a Barcelona con su familia siendo un adolescente. Vivieron primero en los Porxos d'en Xifré, frente a la Llotja, donde estudió Bellas Artes, y en el verano de 1896 se mudaron al número 3 de la calle de la Mercè. Ese edificio ya no existe: se derribó para abrir la plaza frente a la basílica de la Mercè. Ese mismo año su padre le alquiló su primer taller, en la calle de la Plata, que compartía con su amigo Manuel Pallarès. Pasear por esas calles, entre el Gótico y el puerto, es seguir sus primeros años en la ciudad.
Barcelona está llena de estas pequeñas historias. La próxima vez que pasees por el Gòtic o por el Born, levanta la vista y fíjate en los detalles.
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